¿demasiado occidental?

A pesar de ser todo un hombre de mundo, algunos detalle de Türkiye consiguen irritarme en ocasiones me siguen descolocando. No hay Earl Grey en el gran supermercado de al lado de casa,  tampoco bacon ni pescado (para esto último hay que irse a los mercados, preferiblemente los de Asia, o tirar la caña al oscuro Bósforo como hacen los locales.) Este tipo de incomodidades me hace pensar que mi mundo sea más pequeño de lo que creía y/o Estambul más oriental de lo que parece. Tal vez sean las dos cosas a la vez…

El otro día, por ejemplo, sentí claramente este conflicto oriente-occidente. Caminaba junto al cuerno de oro por un pequeño parque. La carretera estaba cerca, es verdad, pero también había cesped, banquitos, barquitas, algún café… Hacía viento y, como buen madrileño que soy, el ir y venir de aquellas olas me hacían olvidar el tráfico, el cielo nublado y los plásticos que flotaban en el agua. Era tan féliz que podía seguir hasta Eminönü, y sin duda hubiera seguido hasta allí de no ser porque un puente se interpuso en mi camino. Soy de Madrid y estoy acostumbrado al tráfico, pero me sentí un occidental ofendido por el subdesarrollo cuando vi que, a pesar de que el sendero, la pradera y los bancos seguían después del puente, no había manera de cruzar aquella especie de autopista interurbana. En realidad sí la había, pero no servía para occidentales ofendidos como yo. Los estanbulíes, acostumbrados sin duda a este tipo de imprevistos, lograban esquivar los coches hasta alcanzar el otro lado. Yo estuve a punto de imitarles, pero al final me dio miedo. Decidí bordear aquella especie de M-30 antes de arriesgar mi vida por llegar a un pequeño parque.

Resulta curioso, pero este rápido recorrido entre el rugido del tráfico y nubes de monóxido de carbono resultó mucho más enriquecedor (al menos intelectualmente) que el paseo junto al Cuerno de Oro. Me hizo imaginar que Estambul me sonreía maliciosamente advirtiéndome una vez más que, aunque lo pareciera, no estábamos en Europa. No era la primera vez que sentía aquello: la ausencia de cerveza en muchos restaurantes, la separación en horarios para hombre y para mujeres de las piscinas públicas o la censura a páginas de internet que critican la figura de Atatürk ya me habían hecho entrar en contacto con esta particular idiosincrasia turca. Y aunque nada de esto parece chocar con el estilo de vida abiertamente occidental de las clases altas turcas, lo cierto es que estos detalles me sorprenden cada cierto tiempo indicándome que la ciudad es algo más que las tiendas de Istiklal, los jóvenes modernos y los garitos malasañeros de Gihangir. Ese otro Istanbul que se me representa cada día en los supermercados (donde no hay bacon pero sí veinte tipos de yogourt) y que llegó a agobiarme cuando la acera por la que caminaba desapareció dejándome varado entre el tráfico, es definitivamente lo que me atrae de la ciudad.

Sí, al final tuve que cruzar la carretera. Gracias a Allah aún estoy vivo. Mientras volvía a la zona bonita de Estambul por calles donde se fabricaban turbinas y máquinas industriales, comprendí que aquellas fachadas ennegrecidas eran parte de la ciudad con el mismo derecho que los alminares de las grandes mezquitas. Y aunque es evidente que se podía hacer mucho por los peatones en esta ciudad, por las mujeres musulmanas y por los gatos vagabundos, es fácil darse cuenta que todos estos cambios acabarían con gran parte del exotismo de la ciudad. Es estúpido pensar que bajo los velos, los bigotes y las casas de madera junto al Cuerno de Oro se esconden las mismas personas que podemos encontrar en Madrid. Son diferentes, por supuesto. Y esa es la razón por la que estamos aquí.

¿Dónde está este lugar?

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7 respuestas

  1. parece que tengas unos problemillos, pero que al final te lo estás pasando bien… talvez olvidarse de Madrid y su estilo de vida o de ser. Además si estás quizás un poco deprimido por lo difícil que es el turco, puedes siempre desahogarte corrigiendo mi español. Me hace mucha ilusión cada vez que te leo (lo hago a menudo)y de verdad tengo gana de visitar aquellos lugares- tal vez porque estoy ahora un poco más cerca (llegué ayer en Italia…. y tengo mucho tiempo libre. 3 semanas de vacaciones). Carry on in discovering… que nosotros aprovechamos de tus páginas.

  2. Bueno, ya me han dicho donde hay pescaderías y nata (no sé si tan buena como la de “allá”) Creo que hay hasta bacon, un pelín caro, eso sí. Todo esto es además un poco exagerado. Pero es que quiero aprender turco y conocerlos un poco, leñe.Nada Luisa, si te animas a venir yo por aquí sigo…

  3. es muy interesante esto que cuentas, pana; por lo que cuentas y por como lo cuentas. EN ocasiones me pareció etar leyendo una crónica sobre algunos ricnones de Caracas, que a veces es tan inhóspita como Estambul, pero sin islam, aunque sí con gatos y perros callejeros everywhere. Y yo me pregunto: ¿dónde acaba Europa? ¿dónde occidente? ¿Son sinónimos? ¿Qué es lo occidental? me temo que esta última pregunta se responde con la frase de san Agustín sobre el tiempo: si no me preguntan lo sé, si me lo preguntan ya no lo sé. (re)Comenzaré “El libro negro”, de Pamuk, al hilo de tu blog estambulero, para que comentemos si me dejas. Un abrazo y sigue disfrutando.

  4. Me ha gustado leer tu entrada, me voy a abonar a tu blog. Además te debo la lectura de tus cuentos y tu libro. ¿Puedes creer que ya tengo la guitarra y el ampli aquí y se me han olvidado los cables en Majadahonda? Dos veces encima. En fin. Tengo 13 días de vacaciones este año todavía y me gustaría ir a visitarte. ¿Cuándo podrías? Un abrazo!

  5. Me alegra que les guste el blog y también Estambul! Orhan Pamuk tiene sus momentos, no siempre es bueno, pero a veces lo borda. Los libros que he leído de él siempre me aburren un poco al principio y al final acaban por sorprenderme. Imagino que el hombre estará también un poco entre oriente y occidente, como todo aquí.

  6. Rib no me suena nada, pero sí lo de los cables y Majadahonda. ¿Juan, eres tú?

  7. ¿Quién si no? Emsámblate!

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