el turista y los deshechos

Descubro por casualidad un artículo (y luego otro y después un montón más) sobre el llamado “turismo de la pobreza”, conocido en inglés como pobrecismo o poorism, que es lo mismo. Al parecer grupos guiados de turistas se internan con espíritu de explorador en las favelas de Río de Janeiro, un paraje mucho más remoto que las selvas de Papúa-Nueva Guinea, no hay duda. Nada de grandes obras de arte ni aburridas historias de reyezuelos locales: la necesidad de evasión del viajero postmoderno sobrepasa los lugares remarcados en la guía y precisa del cosquilleo de las impresiones verdaderas. O quizás no, y la pobreza sea parte del paquete turístico y el autobús acabe siempre deteniéndose en un tenderete donde se venden suvenires con forma de chavola. Según parece es posible incluso visitar las barriadas en jeep, con un guía que explica a los turistas los métodos de alimentación y reproducción de los pobres. Sea como sea, creo que en la base de todo este tipo de turismo se encuentra una fascinación morbosa. Y es que a veces la miseria puede resultar (sobre todo para nosotros, acomodados habitantes del primer mundo) aterradoramente bella.

Nunca he recurrido a Favela Tours ni ninguna otra empresa similar, pero creo que a mi manera también he practicado el “turismo de la pobreza”. En Senegal es difícil no hacerlo, aunque de todos los lugares que visité allí lo relaciono principalmente con Guet N’Dar, el suburbio pesquero de Saint Louis. La mayoría de los turistas no suelen caminar por este pequeño barrio, pero lo cierto es que se trata de un lugar tranquilo y, en términos africanos, también bastante pintoresco. Para llegar a él solo hay que dejar atrás las destartaladas villas coloniales de Saint Louis, protegidas en su mayoría por la UNESCO, y cruzar el puente hasta la Langue de Barbarie. Allí nos esperan las casuchas malpintadas y sucias del puerto, el olor a pescado rancio y montones de basura que ninguna ONG ha conseguido por el momento erradicar. La peor parte se la lleva sin embargo la enorme playa en cuyas aguas no metería por nada del mundo ni el pie. Entre las pirogues (llamémosles cayucos) hay ovejas paseándose sobre los pescados muertos. Y también niños, muchos niños; unos bañándose y otros cagando en la orilla, como es costumbre local.

El espectáculo es impresionante. Tanto que –teniendo mucho cuidado, eso sí– tuve que sentarme para tratar de asimilarlo. He de reconocer que, como tal vez les suceda a los turistas de la pobreza, aquella imagen hecha de deshechos me provocaba un morboso júbilo. Había en ella algo bello y delicadamente desequilibrado, un aire como de obra de arte contemporánea. Todo aquel amontonamiento me recordaba a Rauschenberg, a esos cuadros en donde se alternan una silla y un brochazo, la cabeza de una cabra asomando de un neumático con un trozo retorcido de metal. Qué bonito, pensé ¿podría tal vez la pobreza ser una categoría estética? Y también ¿no será acaso que mi mirada, saturada de imágenes, haya comenzado a ver matizados tonos y trazos primorosos en un estercolero?



La foto superior es de la playa de Guet N’Dar y fue realizada por el día del cooperante.  En la parte inferior hay una reproducción de la obra de Robert Rauschenberg llamada Charlene (1954, Stedelijk Museum, Amsterdam) y la foto de una turista posando satisfecha frente a las Favelas de Río de Janeiro que acaba de visitar.

¿Dónde está Guet N’Dar? Pues aquí.

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10 respuestas

  1. Está también esa agradable sensación de que hay tormenta fuera mientras uno está calentito en casa (el “agradable horror” que decía Addison, creo). Pero también la curiosidad, y la empatía, y el sentimiento de culpa, y la necesidad de ver las cosas con nuestros propios ojos…

    • Sí, tienes razón: queremos ver el mundo con nuestros ojos, incluso la basura. Pero solo un rato.
      Lo más curioso es que para ellos la playa no está sucia (y podrían limpiarla si quisieran).
      ¿No será que vemos en ellos (en “los otros”) sólo lo que queremos ver?
      En fin, ¿para cuando una nueva entrada de la Loly Planet? Me reí mucho con el vídeo parodia “mi-nube”
      Un abrazo y gracias por comentar!

  2. De los documentales de la National Geographic a viajes organizados al Serengueti.
    De callejeros al turismo de la pobreza.
    La vida (lo real), siempre está al/en otro lado. Y ser testigo de ello (uno siempre es héroe en sus relatos) parece que proporciona estatus (y en este caso uno que se puede vender como “auténtico”, algo difícil de conseguir en estos tiempos de glamour sintético de prepago) No importa ver (mucho menos entender), sino ser visto. Pero no digo nada nuevo.

    Abrazo

    • Cómo va, Hugo?,
      Tienes razón con lo de la búsqueda de la autenticidad: la tremenda paradoja del turista que busca sitios que no sean turísticos.
      Y también en el hecho de ir a algún lugar sólo por el gusto de después contárselo a los demás, para contabilizar otro país o monumento en tu colección de recuerdos.
      Me gustaría pensar que viajar no es sólo un símbolo de estatus ni una forma de representarse ante los demás (en las fotos o en los suvenires, por ejemplo). Estaría bien que el turismo fuera un encuentro con ese “otro lado” del que hablas, con esa realidad que querríamos que no se moviera demasiado para que no saliera desenfocada en la foto…
      Vaya rollo que te he soltado.
      En realidad quería sólo agradecerte el comentario,
      Un saludo y a ver si nos vemos!

  3. Es cierto que en las favelas abunda la pobreza, la delincuencia y mucho más pero creo que tambien hay muchas personas que tienen algo que decir. Conocer las favelas podria ser una experiencia rica y agradable para todos. Hay unos hoteles en Florianopolis que promocionan este tipo de actividades. Feliz año!!

  4. I hope you are joking. This scene? is from the comedy, a
    movie called Monty Python’s The Meaning of Lifestyle. It certainly is not an accurate depiction of
    sex education in English schools. It is a joke.

  5. Your gift may be physical, intellectual, spiritual, environmental, plant, animal,
    crystal, mechanical, even molecular, not necessarily emotional at all.
    Your IP address can be a dead hand out to
    your online identity. Christmas could be the only birthday I know
    of the the One Whose Birth we have been celebrating gives the gifts as opposed to
    receives them.

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