visita guíada al histórico barrio de Tarlabaşı

Edificios vistos desde el boulevar de Tarlabaşı

[Esquina entre Tarlabaşı Blv. y Atif Yilmaz Cd., en la parada de taxi. Domingo a media mañana.] Hola, buenos días, mi nombre es XXXXXX y voy a ser su guía en esta visita (¿experiencia?) a través del histórico barrio de Tarlabaşı. Acérquense, por favor, dejen pasar a la gente, hagan un círculo… Bien, bien, perfecto. Y ahora, si son tan amables, observen el paisaje que queda tras de mi. ¿Les sugiere algo?… Imagino que se estarán preguntando qué tiene de especial unos cuantos bloques destartalados, una autopista y todo ese tráfico. Esta calle no aparece en las guías ni vienen muchos turistas por aquí. Si les soy sincero, tampoco tiene muy buena fama. Pero tras esos edificios avejentados se extiende un barrio que no se parece a ningún lugar en el que hayan estado antes. Es cierto que visitarlo puede resultar una experiencia dura, ya se lo habrán advertido en la agencia. Es posible incluso (y quiero que sean completamente conscientes) que cambie su forma de ver el mundo. Sea como sea, les aseguro de que será una aventura que nunca olvidarán. ¿Están seguros de que quieren seguir? Aún están a tiempo de cambiar de opinión, tómense unos minutos para pensarlo… ¿de acuerdo entonces? Pues, sin más preámbulos, vamos a cruzar la calle, pero no como los locales. Esperen a que el semáforo se ponga en rojo, por favor, no vayamos a tener una desgracia.

[Mismo lugar, en la acera de enfrente] ¿Están todos? Acérquense un poco más, por favor. Cuidado señorita, no baje de la acera, que los coches van muy deprisa. ¿Se me oye? Bien, comencemos por el principio, como debe ser. Tarlabaşı, el nombre de este lugar, significa en turco cabeza (o más bien, principio) de campo. Ya, ya, seguro que están pensando que por aquí no hay nada que pueda definirse como ‘campo’ y que los pobres árboles del bulevar (por llamarlo de alguna manera) están de lo más raquítico con tanta polución. Pero esto no siempre fue así. Aunque no lo parezca, cuando la zona comenzó a urbanizarse, hace quinientos años, no existía la autopista y esto eran las afueras de la ciudad. El barrio descendía entre casas y pequeños huertos hacia el Cuerno de Oro. Pero Estambul ha pasado del medio millón de habitantes de entonces a los quince de la actualidad (consultar en la wikipedia). La ciudad es ahora inabarcable y los huertos y los jardines han desaparecido bajo el asfalto. Detrás de estas casas apretadas hay otras calles estrechas y más casas, millones de ellas. Pero es mejor que lo comprueben con sus propios ojos. Vengan por aquí, pero sin apoyarse en los andamios…

Iglesia de Meryem Ana

[Frente a la Iglesia Siria de la Virgen María, calle Karakurum..] İşte, como dicen los locales, ya estamos. ¿Es como se imaginaban? …Tiene toda la razón, pero escúcheme, por favor. Es cierto que a este lugar puede faltarle el empaque de Sultanahmet, pero no le miento si le digo que es mucho más interesante desde un punto de vista cultural. Eso sí, no voy a presionarles: es mejor que lo descubran por ustedes mismos. Estoy seguro de que el encanto del barrio y sus gentes lograrán cautivarlos, ya verán. Y si no me creen, miren el edificio que tienen a mi espalda, ¿no les resulta imponente? Se trata de la iglesia de la Virgen María, que pertenece a la tradición siria ortodoxa, la más antigua del mundo. Aquí, en este lugar perdido en Estambul, se dan aún misas en arameo, la lengua que hablaba Jesús (comprobarlo). Pero no crean que es la única: el barrio está lleno de templos, algunos armenios, otros protestantes, muchos ortodoxos… Estarán pensando que por qué, ¿no? La razón es muy fácil. En origen aquí se establecieron los trabajadores más humildes de las embajadas europeas de Pera, y con ellos un gran número de armenios y griegos. La mayoría de estos extranjeros se marcharon cuando la capital se trasladó a Ankara, pero aún hubo muchos cristianos viviendo aquí hasta los años cincuenta. ¿Que qué pasó entonces? En Septiembre de 1955 la falsa noticia de que un griego había hecho estallar una bomba en el consulado turco de Tesalónica (que era, por cierto, la casa donde nació Atatürk) provocó uno de los momentos más triste de la historia reciente de Turquía. Una turba de turcos nacionalistas atentó entonces contra la minoría griega y destruyeron sus comercios, sus iglesias, sus casas… Pero no crean que los edificios están con los cristales rotos desde entonces, no: eso tiene otros motivos. Bajemos un poco por esta calle y les contaré un poco más…

Puro Tarlabaşı

[Más abajo, en Karakurum sokağı] …A pesar de la expulsión de los griegos, muchos extranjeros siguieron viviendo aquí y los talleres, que se quedaron en manos de los turcos, siguieron funcionando. El momento definitivo para la historia del barrio es la construcción de la autopista que hemos cruzado antes: el llamado bulevar de Tarlabaşı. Lo hicieron en los años ochenta, destruyendo toda una manzana de edificios. Es útil, no lo voy a negar, pero separó el barrio del resto de la ciudad. Los precios de las viviendas bajaron, los pocos griegos y armenios que quedaban se marcharon a otros lugares más saludables y ‘ellos’, los que no podían vivir en ningún otro sitio, fueron llegando poco a poco. ¿Que a quiénes me refiero cuando digo ‘ellos’? Buena pregunta. No sé si saben algo de la historia de este país, así que por si acaso voy a resumírsela. En los ochenta, cuando se construyó la autopista, Turquía vivía un fuerte conflicto interno. Después de años de inestabilidad política y social, un golpe de estado puso en el poder un gobierno militar. Su primera medida fue reprimir a sus opositores, lo que provocó que en el sudeste del país se iniciara una lucha armada que dura hasta la actualidad. Tal vez no sepan a lo que me refiero cuando digo ‘sudeste’, aunque estoy seguro de que tienen alguna idea. Efectivamente, señora, estoy hablando de lo que en España se denomino como conflicto kurdo. No voy a ponerme de lado de nadie (prefiero que tomen ustedes sus propias conclusiones) pero deben saber algunos datos. Cuando el PKK (¿la guerrilla?) comenzó este enfrentamiento contra el estado (¿en respuesta a siglos de represión?), el gobierno tomó medidas que resultaron, como suele suceder en este país, completamente desmesuradas. Se destruyeron pueblos enteros, se echaron a los habitantes de sus tierras y se creo un clima de enfrentamiento armado en un lugar ya de por sí empobrecido. ¿Y que hicieron ellos, los (por así llamarlos) kurdos…? Pues venirse a la gran ciudad en busca de una nueva vida. Estambul dobló en cinco años su población. No todos vinieron a este barrio, pero sí se puede decir que fueron estos inmigrantes los que cambiaron para siempre su fisonomía. La ciudad se fue transformando en una prolongación de su pueblo y si no me creen miren esas gallinas ahí, en medio de la calle. ¿Les parece que estamos es una urbe de quince millones de habitantes? Pero sigamos, vengan por aquí si hacen el favor.

Mujeres en Tarlabaşı

[Un poco más abajo, esquina de Karakorum con Cezayirli Hasan Paşa]  Se preguntarán cómo ha quedado el barrio en la actualidad. Ustedes mismos pueden verlo. Es verdad que hay mucha basura, pero no esperarán que todo sea igual que en sus países, ¿no? Fíjense más bien en la gente. Esas mujeres, por ejemplo, están cubiertas con un velo de flores y una de ellas tiene una cinta con los colores del Kurdistán (¿verde, rojo y amarillo?). ¿No les parece curioso? Aunque tal vez lo que más les sorprenda es verlas allí, sentadas en el suelo, a la entrada de sus casas. Da la sensación de que siguen en su pequeño pueblo de Anatolia. Una de ellas, además, lleva las manos pintadas con alheña (¿henna?), pero ni siquiera esto es importante. No quiero parecer radical, pero ¿no piensan al verlas que su vida (la de ustedes, quiero decir) es una mentira…?  No es nada personal, entiéndanme. Estoy seguro de que sus madres y abuelas se encuentran mucho mejor en sus fantásticos geriátricos y que sus hijos (si los tienen, que ya están en edad) estarán mejor vestidos y educados que estos macarrillas que juegan al fútbol ahí al lado. Pero, salvando las distancias, ¿no creen que la gente aquí es más natural o, si me permiten la expresión, más ‘auténtica’? Vamos, vamos, no es lo tomen a mal, yo soy igual que ustedes y mi vida es tan falsa como la suya. Por eso me fijo en las mismas cosas que ustedes. ¿No les molesta que en nuestra sociedad, por ejemplo, ya no se pueda vender fruta en la calle? Sean sinceros, ¿no viven agobiados por el aspecto físico, los tumores y los pederastas? Ya, no entienden lo que les quiero decir. Es muy fácil. Olvídense por un momento de la basura, de esa mujer que les mira desde la ventana. Olvídense de los andamios, de las pintadas, de los solares vacíos y cierren los ojos. Escuchen al barrio, escúchenlo con el corazón (evitar que suene en ese momento la llamada a la oración o el vendedor de poğaça. Lo arruinaría todo). ¿No sienten nada? ¿No creen que esta gente, a pesar de sus desdichas, tiene algo de lo que nosotros (ciudadanos de mundo, educados, modernos) carecemos? Piénselo. Y, mientras tanto, síganme por esta callejuela…

MErcado de Tarlabaşı

 [calle Serdar Ömer Paşa] Veo en sus caras que están entendiendo lo que les quiero decir, que a ustedes también les parece importante que aún queden lugares así en el mundo. Si no me equivoco esa ropa tendida y esas madres cocinando para sus maridos y cuidando de sus suegras les hace pensar en muchas cosas, tal vez en su infancia. Ya, ya sé. Hemos cambiado mucho en pocos años y nos hemos vuelto tan snobs que ahora miramos este mundo como si no nos perteneciera. Pero, díganme, ¿hace cuánto tiempo las cosas eran así en nuestras ciudades? Miren por ejemplo a toda esa gente de allí abajo. Han venido para el mercado que se celebra cada domingo de la salida a la puesta del sol. Estoy seguro de que les encantará: a todo el mundo le gusta. Eso sí, no esperen encontrar en él pashminas ni ‘ojos de la suerte’. Este mercado es ‘de verdad’ y en él encontrarán solo fregonas, aceitunas, ropa interior (les sorprenderá ver lo picaronas que son estas mujeres con velo). ¿Qué no les interesan las compras? Pues pueden mirar los campanarios de la iglesia griega de San Constantino, escuchar la sonoridad del kurdo o del árabe, perderse en los olores, los colores, los rostros… Nadie está actuando para ustedes y ellos, aunque no lo crean, son tal y como los ven. Fascinante, ¿verdad? Estoy seguro de que no imaginaban que existían lugares así en Estambul. No mucha gente lo sabe aunque, como es natural, hemos acabado por encontrarlos. Debo confesarles que todo lo que tienen frente a sus ojos esta a punto de desaparecer. Sí, como me oyen: están presenciando un espectáculo que tiene sus días contados. No saben por qué digo esto, ¿verdad?, pero no se preocupen, ya se lo explico. Como en Barcelona o en Madrid, Estambul también está tratando de transformar los barrios degradados en lugares de moda. Ahora le ha tocado a Tarlabaşı y el ayuntamiento ya ha comenzado a restaurar edificios y a tirar manzanas enteras. Cada vez más extranjeros y turcos con dinero están viniendo a vivir aquí. No tienen más que abrir los ojos y los verán paseando por el mercado. Observen si no me creen a esas tres chicas. Seguro que viven por aquí porque les parece económico y auténtico, pero por su culpa los precios suben y muy pronto vivir en el barrio comenzará a ser un lujo para muchos. Los niños, los tendederos, las gallinas y hasta la sede del BDP (el partido kurdo, un poco más arriba) tendrán que trasladarse a arrabales lejanos y mal comunicados. ¿No es paradójico? Empiezan a entenderlo todo, ¿verdad? Pero aún les queda un último lugar por descubrir. Tienen que acompañarme. Por aquí.

Atardecer en Tarlabaşı

[calle Serdar Ömer Paşa esquina Tatlı Badem]Podríamos estar en cualquier esquina del barrio y sin embargo esa casa tiene ya más de ciento cincuenta años. Ahí hay una placa que dice que este edificio está aquí al menos desde 1855 (aunque parece que lo restauraron en 1955). Sea como sea, fue en él donde murió Adam Mickiewicz, el famoso poeta polaco. …Ya. No saben nada de él, ¿verdad? Yo tampoco lo conocía, pero ahora podría recitarles algún poema de memoria. ‘Amado país extendido ante mis ojos. ¿Por qué, aún tan cerca, llora al verte mi corazón?…’ ¿No les emociona? Tiene mucho que ver con mi vida, con este lugar. A lo mejor no lo entienden, pero les aseguro que tiene un sentido. Todo lo que les he contado lo tiene. Aunque pueda parecerlo, no les he traído aquí por casualidad. Podríamos haber elegido cualquier otra calle, haber ido a bares de travestidos o a tiendas de pelucas o maniquíes. Si les soy sincero, siento una especial atracción por los almacenes donde los basureros venden lo que encuentran en los contenedores. Me encantan las latas ordenadas, apiladas y brillantes, pero he pensado que para esta ocasión era mucho mejor visitar la casa del poeta polaco, un museo de verdad. Es mucho más fácil para mí, no voy a negarlo. Se está caliente ahí dentro, hay letreros y cuadros, les entretendrá. Y además, puedo dejarlo que lo descubran por ustedes mismos. …Sí, también eso quería decirles: ha llegado el momento de separarnos. No se lo tomen a mal, soy solo un guía y mi destino es desaparecer por estas callejuelas, ¿qué importa si lo hago un poco antes? Es mejor que me vaya ahora, cuando todavía me tienen un poco de respeto y no han comenzado a preguntarme cosas a las que no puedo responder. Ustedes encontrarán fácilmente el camino de vuelta, no se preocupen. Además, si les digo la verdad, esta visita (¿este viaje?) no es para ustedes más que un simple pasatiempo. Sean sinceros por una vez, no se mientan a ustedes mismos. ¿Han venido aquí para escucharme? ¿Qué es lo que les interesa específicamente de Estambul? Ustedes, en el fondo, han venido para sentir algo que ya han experimentado, para ratifica que todo es como lo habían visto en los libros. No les importa una mierda ni los sultanes ni toda esta gentuza del mercado ni el poeta polaco del que nada sabían. Pero no me malinterpreten: yo no soy quién para juzgarlos y para nada me siento mejor que ustedes. Aunque no lo crean, también yo tengo una historia y no es muy diferente a la que les he contado hoy. Me gustaría que la escucharan entera, pero sé que no están interesados en ella. Así que solo puedo marcharme, desear que disfruten y decirles que fue un placer conocerlos. Son unas personas muy simpáticas, se lo digo en serio. Yo seguiré aquí y pueden conectar conmigo a través de la agencia. Y si me permiten, antes de irme les voy a dar un último consejo. No les garantizo que todo lo que les he explicado sea igual mañana. Es posible que el barrio y toda la ciudad cambie una vez más, que tiren otra casa o les dé por construir otra autopista o un centro comercial. Si me permiten la recomendación, disfrútenla mientras puedan. Vayan a todas partes y hagan muchas fotos. Duerman poco, caminen mucho, abran bien los ojos. Y empiecen ahora mismo, antes de que termine de hablarles, porque mañana ya será tarde. Se lo digo por experiencia.


Este tour será realizado durante la próxima primavera. Si quieres participar en él como turista, envía un correo a hombrerrante@gmail.com

Fotos de Alessandro Busa de Meshut GungorZouhair Ghazzal e Izzet Fresko

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Categorías:Uncategorized

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2 respuestas

  1. Me gustó tanto la experiencia previa, que ahora me ha costado acostumbrar los ojos a esta descripción literaria, tan como de un Max Estrella abocado al “teatro del turismo”. Pero tienes razón en señalarlo, es un verdadero género absurdo-dramático en sí mismo, y probablemente tuviera enganche para una minoría poco aterciopelada.
    Es una fortuna conocerte.

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