¿Te acuerdas de cuando no fuimos a Isfahán?

ellos (nunca) IránDespués de barajar destinos casi infinitos, el aventurero experimentado (derecha) y su novia entusiasta (izquierda) decidieron que iban a visitar Irán, ahora mucho más cerca gracias a una oferta de la Turkish Airlines. El país de los ayatollahs parece desde fuera un lugar inhóspito, lejano y chungo, y en parte lo es. Pero el aventurero le habló a su novia de que en la República Islámica, aparte de barbudos, sanciones internacionales y un programa nuclear, había también mezquitas recubiertas de azulejos, inmensas montañas nevadas y una amabilidad nunca vista (y a veces, todo hay que decirlo, un poco excesiva). Ella, a pesar de que tendría que ponerse velo y abstenerse de usar colorete, le dijo con gran entusiasmo que sí, que fueran. Y aquella misma tarde compraron los billetes.

Sin embargo, un país donde los anuncios de Nike se han sustituidos por dibujos de mártires, los días festivos son el jueves y el viernes y la diferencia horaria con España es de dos hora y media, las dificultades tienen por fuerza que existir. La primera con la que se encontraron fue la de conseguir una visa de entrada, un problema, como se verá más adelante, en absoluto trivial.

 

Al parecer, la manera más sencilla de obtener el visado iraní es solicitándolo en una agencia de turismo. Buscaron en internet varias opciones y, al final, se decidieron por una página web llamada iranianvisa.com a la que mandaron por e-mail sus pasaportes escaneados. Al día siguiente ya tenían respuesta de una tal Sarah que, además de darles por anticipado la bienvenida a Irán, les informaba de las diferentes maneras de pagar sus servicios, todas complejas a causa de las sanciones internacionales que sufre el país. Optaron por abonar el importe a través de un banco turco, lo más fácil dado que el la mujer entusiasta y su novio aventurero viven en Estambul. Confiados en que iranianvisa se ocuparía de todo, se despreocuparon del tema.

 

Cuando ya había pasado una semana sin noticias, comenzaron sin embargo a preocuparse. Tras dar unas cuantas vueltas, encontraron al fin un e-mail de iranianvisa.com que el filtro anti-iraní de Google había catalogado como spam. En él les informaban en un tono agresivo que no habían recibido el pago. Ellos, sin perder la compostura, respondieron enviando los recibos del banco. Pero no era tan fácil. La tal Sarah tardó aún dos días en encontrar el ingreso y, cuando lo hizo, les informó de que lo que se le había traspapelado ahora era el escáner de sus pasaportes, que tuvieron que mandar de nuevo. Cuando por fin tuvo todo en su poder ya habían pasado casi diez días desde que solicitaron la visa. En el siguiente e-mail la siempre exasperante Sarah les informaba de que, si querían obtener los documentos a tiempo, lo mejor era que cambiaran al procedimiento urgente (lo que significaba un incremento de 35€ por persona, claro).

 

Así que nuestros amigos, incluso si estaban convencidos de que la culpa era de iranianvisa.com, pagaron lo que se les pedía sin rechistar. Sabiendo ya cómo funcionaban las cosas, enviaron el recibo a Sarah inmediatamente. El procedimiento ya estaba al fin en marcha, pero el tiempo resultaba bastante escaso ya que los días laborables de Irán no coinciden con los de Europa y existen numerosas festividades chiitas a lo largo del año. Pero trataron de tranquilizarse y conservar la esperanza de que en unos días podrían estar en Isfahán y  pasear al atardecer por la gigantesca plaza de Naghsh-i Jahan.

 

Sin embargo, los días pasaron sin respuesta y la sensación de que había algo equivocado en todo aquello (incluso en su deseo de visitar Irán) se fue haciendo cada vez más fuerte. Cuando al fin recibieron el e-mail de Sarah (ya tan familiar para ellos que habían empezado a conjeturar sobre por qué tenía un nombre judío viviendo en Irán), sus peores sospechas se confirmaron. Con la sequedad que la caracterizaba, les informó que ahora tenían un problema mucho más grave. El pasaporte de la viajera entusiasta no tenía ‘validez suficiente’, frase que, escrita en inglés y sin explicaciones, tardaron en comprender. Al parecer, y aunque la visa que concede el gobierno iraní es sólo de tres meses no prorrogables, era necesario tener un pasaporte con una validez mínima de seis. Dejando aparte que la fecha de caducidad era algo que Sarah podía haber mirado al recibir (en dos ocasiones) la copia de los pasaportes, parecía claro que la solución no iba a resultar sencilla.

 

La situación era más que desesperada y el desánimo era tal que el aventurero trató de devolver los libros que había comprado para el viaje, entre ellos la mismísima guía Lonely Planet. No fue posible, como tampoco lo era cambiar el vuelo, comprado en una oferta y extremadamente barato para tratarse de la Turkish Airlines. De esta manera, sin tener ya nada que perder, decidieron mandar un último e-mail desesperado a Sarah. En él decían que, aunque entendían los requerimientos del gobierno iraní, ellos no querían estar más de 12 días, tal y como podían comprobar en los billetes cuya copia también remitían. Además, el responsable de denegar la visa debería tomar consciencia de que estaba impidiendo viajar a su país a una viajera entusiasmada no solo con la vida en general sino, sobre todo, con la poesía persa. De hecho uno de los planes de la pareja (que para tal ocasión se había convertido en un matrimonio) era poder ir a Shiraz y seguir esa fantástica costumbre iraní de leer en el mausoleo de Hafez poemas elegidos al azar. No solo eso, sino que tenían intención de contar en su popular blog este viaje para que los españoles se dieran por fin cuenta de que Irán no es el país chungo que se ve en las noticias, casi siempre contaminadas por los medios estadounidenses. Irán es, como todo el mundo sabe, un lugar de cultura y de gente amigable; un hermoso país con atractivos casi interminables.

 

La respuesta tardó aún un día más en llegar y fue, como siempre, escueta. En este caso (y por primera vez desde que mantenían esta relación con iranianvisa.com) resultó ser positiva. Las alusiones a Hafez debían de haber llegado al alma de algún aburrido funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán. Al menos así parecía demostrarlo que hubieran decidido aprobar la visa. Ahora solo tenían que ir al consulado de Irán en Estambul, pagarla y esperar a que se la estamparan en sus pasaportes.

 

Al día siguiente, dos días antes de volar, nuestros protagonistas se levantaron pronto y fueron en tranvía hasta Sirkeci donde se hicieron las favorecedoras fotos que ilustran el inicio de esta historia. Después, y aún sin desayunar, se acercaron al consulado de Irán donde tuvieron que esperar en una sala casi vacía con unas sillas y un televisor en el que un mulá debía estar hablando de la grandeza del Islam.  Después de un rato, un hombre les llamó desde la ventanilla y comprobó que, efectivamente, sus visados estaban aprobados. Ellos podían recogerlas después de pagar 50€, pero, como de costumbre, había un problema. En el consulado estaban tan hasta arriba de trabajo que les resultaba absolutamente imposible realizar estas gestiones antes de una semana. I’m sorry, añadió sin mirarles a los ojos.

 

Ellos insistieron y casi lloraron, pero aquel hombre no se ablandó ni siquiera un poco. Antes de que pudieran recurrir a Hafez y a su amor por la poesía iraní, desapareció tras montañas de informes y formularios, en un espacio tan inaccesible como parecía ser el mismo Irán. Detenidos en aquel lugar indefinido, el aventurero se sintió muy poco experto y su novia, ya sin entusiasmo, ridícula con aquel velo negro en la cabeza. ”Los caminos de Dios son siempre inescrutables”, debía decir el mulá en la televisión, aunque lo cierto es que para ellos estos caminos resultaban cada vez más meridianos. Era evidente que Allah no quería que volaran a Irán y no era posible luchar contra la voluntad divina. Lo mejor que podían hacer era ir pensando en un destino mejor, a ser posibles sin ayatollas ni Sarahs, solo un lugar tranquilo, económico y sin necesidad de visas, un sitio donde las cosas funcionaran de una manera lógica y occidental, comprensible.  

Próxima aventura, ¿Te acuerdas de cuando no fuimos a Beirut?

Esta es la letra de la fantástica canción de Siniestro Total sobre Irán

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Categorías:Irán, Oriente Medio, reflexiones

Etiquetas:, ,

11 respuestas

  1. Cuando tenía que viajar por trabajo, me conseguía el visado un iraní que vende alfombras en Madrid. Si mal no recuero sus emolumentos ascendían a 80€ y sólo tardaba una semana…

  2. Me ha encantado y “enganchado” la narración del no-viaje. Y lo de novia entusiasta me ha llegado al corazón, no hay mejor forma de describir a Anita y su eterna sonrisa. 😉 Hasta con velo está guapa la tía!!
    Muchos besos y enhorabuena por el post, si te animas a redactar El cuaderno del aventurero experimentado, me tienes de lectora numero One.
    😉
    Sara (Badajoz)

    • Hola Sara, gracias por comentar! Pues voy a preguntarle al aventurero experto a ver si se anima a escribir ese cuaderno. Y lo de la risa de Ana… Pues tienes razon. Y no se puede luchar contra ella!

  3. Estoy de acuerdo: genial esta historia del no-viaje. Por lo menos os dejó una historia muy interesante. Me ha encantado lo del filtro anti-iraní de Google.

  4. Algo parecido nos pasa a los que queremos viajara a europa y necesitamos visa, no te cres que los funcionarios iraníes son peores que los españoles jajaajaj

  5. Yo acabo de estar en Iran en septiembre. Se puede conseguir un visado para 15 dias bien en los consulados o bien en el mismo aeropuerto (yo lo hice en el aeropuerto). Si se quiere una estancia mas larga NO se da bajo ningun caso en el aeropuerto.

    En teoria no hay ningun problema para conseguir un visado de 15 dias en el aeropuerto, segun un amigo irani (su hermana trabaja en una embajada irani del oriente medio) y segun la pagina web de la embajada que leas. A nosotros nos lo dieron sin problemas, pero debido a la informacion contradictoria que se dan en las diferentes paginas webs y embajadas y consulados iranies, yo recomiendo hacerlo antes.

    Si alguien opta por hacer el viaje y sacarse el visado alli, le recomiendo paciencia y que tenga el telefono de una persona irani que pueda responder por el/ella. En nuestro caso nos pusimos en contacto con un irani para ir al monte dos dias y por los visto con eso basto. Despues nosotros anduvimos a nuestro aire.

    Por ultimo, existe la aerolinea de bajo coste “Pegasus airlines”. Son turcos, el precio es muy barato y la verdad no tengo motivos para quejarme (Munich-Tehran 300euros reservando con dos meses de antelacion)

    Bueno y si alguno esta dudando de si ir o no ir… aqui mi consejo…. IRAN ES INCREIBLE. No lo dudeis e id a visitar ese grandisimo pais. En caso de que alguien tenga miedo, yo en ningun momento me senti amenazado ni en peligro, ni intento de robo ni nada.

  6. Me ha gustado la historia, y es que hay viajes que antes de empezar ya se tornan en una aventura con sólo la parte burocrática.

  7. Asking questions are in fact nice thing if you are
    not understanding something totally, however this paragraph presents pleasant understanding even.

Trackbacks

  1. Respuesta breve a “¿Te acuerdas de cuando no fuimos a Isfahán?” | رنوستان آزاد

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