Lugares

Continentes, países, regiones, ciudades y pueblos que conozco.

De un país en ruinas

En las fotos que tomamos de Siria se suceden las ruinas del monasterio de San Simeón y la poética ciudad abandonada de Serjilla, la via porticada de Apamea y el impresionante castillo de Krak des chevaliers. Al verlas me parece caminar por un país solitario y destruido. Pero es que incluso la abarrotada Aleppo, la segunda ciudad más importante del país, parece inacabada, suspendida en un tiempo tan alejado del presente como del pasado…

Postal desde Madrid

En Madrid el cielo domina los aspectos más insignificantes de la vida (la longitud de los suspiros, el ángulo de las calles, el intervalo que separa un latido y otro del semáforo.) Todo es recto y uniforme, muy blanco, muy limpio. Al atardecer no hay niebla, sólo un frío seco que reseca la garganta.

Efes

Además de la marca de cerveza más conocida del país (a la que algún español malicioso ha rebautizado como “heces”), Efes es el nombre de unas ruinas situada al oeste de Turquía -ruinas de una ciudad grecoromana, se entiende…

Türkçe zor değil, ama farklı.

¡Cuántas veces no habré escuchado esta frase durante mis clases de turco! “El turco no es difícil sino diferente”, ¿pero será esto posible, me pregunto? ¿No es acaso difícil lo que difiere de nuestros conocimientos?
De acuerdo, hay cosas y personas muy diferentes a nosotros y no por ello son difíciles de entender. Además, tampoco hay que tomar la frase al pie de la letra. Ya sabemos que estas afirmaciones son las típicas patrañas que utilizamos los profesores para mantener alta la motivación el alumnado (no es plan de decir la verdad: que por mucho que nos esforcemos no vamos a hablar turco en nuestra vida). Pero aunque me resista a admitirlo, mis profesores tienen algo de razón al decirnos esto. El turco que (según ellos)noesnadadifícilperobienextraño, termina resultando esencialmente simple (o tal vez simplemente esencial.) Sino fuera así ya habría desistido de aprenderla, no lo dudéis…

Bella a su pesar

Aún no he encontrado a nadie que odie Istanbul. La aman los turistas, los turcos y todos los que, no siendo ni una cosa ni otra, nos encontramos en ella. Es posible que a veces critiquemos sus aglomeraciones, su suciedad o el ruido, pero aún así es imposible no mirarla con fascinación. Especialmente cuando la bruma del atardecer (o el humo del carbón, quién sabe) la va difuminando…

Rodas y el turismo

Aunque estuve allí por poco tiempo –apenas un día durante este verano– me impresionó el encanto de Rodas a pesar de las toneladas de turistas que ocupábamos la isla hasta malograrla. Porque Rodas (Ρóδος en griego), famosa por su coloso de la antigüedad y su posición estratégica, se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los lugares más turísticos del mundo. Todo está pensado para nosotros guiris: los restaurantes, los cafés, los suvenires, la música tecno. Y aunque nada de esto me encante, coincido con mis compañeros turistas en que es un lugar perfecto donde veranear (sobre todo para aquellos que les guste conjugar este verbo)…

Fotos de mis veinte años

 Desde hace años me acompaña allá donde voy una foto de Ollantaytambo, unas ruinas Incas que se encuentran muy cerca del Cuzco. Aunque estoy acostumbrado a verla cada día, me sigue impresionando como las firmes rocas se unen entre sí… Leer más ›

la Hüzün de София

Pero si a veces es difícil encontrar amarga a Estambul, no puede decirse lo mismo de Sofía (София), la capital de Bulgaristán que diría un turco. Me parece incluso que la amargura se queda corta para hablar de una ciudad que a simple vista se nos presenta sumida en el sopor, en la indiferencia y el abandono.

Hüzün

Pero volviendo a nuestro querido amigo Orján (Pamuk), hay en su libro Estambul ciudad y recuerdos algunas claves que nos permiten ver la ciudad desde otro punto de vista. Me refiero sobre todo al concepto de amargura (hüzün en turco) palabra que de leer una y otra vez en las últimas semanas me ha llegado a amargar también a mi. Y eso a pesar de que Estambul me provoca generalmente sentimientos muy distintos, sobre todo una extraña excitación que a veces acaba transformándose en ansiedad y dolores de cabeza.

Nuestro amigo Orján

Si hay algo inevitable entre los extranjeros que vivimos en Istanbul es conocer, aunque sólo sea su nombre, a Orhan Pamuk. Tan inevitable que no podemos dejar de aludirlo cuando hablamos –en inglés– con turcos. No importa si nos ha costado terminar sus novelas, éstas nos parecieron tan soporíferas como intranscendentes o si no lo hemos leído en absoluto y lo único que sabemos de su vida es que ganó un Nobel y ahora vive exiliado en Estados Unidos (ni siquiera esto último está tan claro: algunos dicen que aún está en Turquía.) El caso es hay que hablar de él, aunque sea para decir que es una mierda. Afortunadamente, al contrario de lo que pasaría si te refirieras a Atatürk, el padre de la patria, nadie se va a sentir ofendido por esto. Tranquilo que no te van a encerrar en una prisión a lo expeso de medianoche ni te van a hacer un juicio o cerrar el blog por insultar a la República. Así que adelante: critiquemos a nuestro amigo Orján. ¿Acaso no dudáis de los criterios que utiliza la academia sueca para entregar sus premios?