Nuestro amigo Orján

Si hay algo inevitable entre los extranjeros que vivimos en Istanbul es conocer, aunque sólo sea su nombre, a Orhan Pamuk. Tan inevitable que no podemos dejar de aludirlo cuando hablamos –en inglés– con turcos. No importa si nos ha costado terminar sus novelas, éstas nos parecieron tan soporíferas como intranscendentes o si no lo hemos leído en absoluto y lo único que sabemos de su vida es que ganó un Nobel y ahora vive exiliado en Estados Unidos (ni siquiera esto último está tan claro: algunos dicen que aún está en Turquía.) El caso es hay que hablar de él, aunque sea para decir que es una mierda. Afortunadamente, al contrario de lo que pasaría si te refirieras a Atatürk, el padre de la patria, nadie se va a sentir ofendido por esto. Tranquilo que no te van a encerrar en una prisión a lo expeso de medianoche ni te van a hacer un juicio o cerrar el blog por insultar a la República. Así que adelante: critiquemos a nuestro amigo Orján. ¿Acaso no dudáis de los criterios que utiliza la academia sueca para entregar sus premios?

Si a los turcos, tan sentidos ellos, no les importan tus críticas no es sólo porque Orhan –nuestro Orhan– se haya tomado la libertad de poner en duda la versión oficial del genocidio armenio o utilice a Estambul para hablarnos obsesivamente de sí mismo. La auténtica razón es que para ellos no existe una verdadera identificación entre Orhan Pamuk y Turquía como para el resto (los no turcos, quiero decir). Para ellos aparentemente no tienen nada que ver la Turquía de Pamuk (maleada con sus artes de escritor) y el país que se extiende más allá de sus páginas. Nosotros, que ni siquiera hablamos ese extraño lenguaje que es el turco, nunca llegaremos a diferenciar estos dos lugares. Aunque paseemos por las calles de Estambul o veamos las pocas películas turcas que se ven en Europa, nos seguirá pareciendo que el paisaje está mudo. Necesitamos una voz que nos descifre la ciudad, y para eso está Pamuk. Pensemos sino en cuántos escritores turcos están traducidos al castellano y en si es fácil encontrarlos en las librerías. Y hay algo más, tal vez lo más importante: ¿acaso no leemos a Pamuk precisamente por eso, para que le ponga voz a Turquía? ¿Seríamos capaces de leerlo si en lugar de ser turco y hablar de Estambul fuera murciano y convirtiese en literatura a la Manga del Mar Menor? (perdón a los murcianos que, eventualmente, puedan estar leyendo estas líneas).

Confieso entonces que leo a Pamuk para conocer Turquía de la misma manera que los estudiantes de español ven las películas de Almodóvar. E igual que sé que en Madrid hay más cosas que putas, yonkis y maricas (churros, cañas y olor a meada, sin ir más lejos), imagino que hay Estambul más allá de Nisantasi y sus pijos o las calles de Beyoglu donde transurren la mayor parte de sus novelas. Y aunque los turcos no se reconozcan en la imagen que Pamuk transmite de su país (al igual que muchos madrileños no lo hacen con mujeres al borde de un ataque de nervios) lo que no se puede negar es que esa Turquía de la que habla existe de verdad. Si dijera cosas que no son ciertas no le hubiera tenido tantos juicios por insultar a la República y nadie le leería como, de hecho, lo leen. Otra cosa es que a muchos turcos no les guste lo que dice y no terminen de identificarse con él, pero es que Orhan –su Orhan, nuestro Orhan, el de todos– es un escritor de verdad y no un cronista de Estambul como muchos pretendemos (a veces también él mismo). Es verdad que he dicho que si Pamuk fuera de Murcia no le leería y no voy a desdecirme. Pero, ¿y si fuera de Albacete? En ese caso a lo mejor me lo pensaba.

¿Dónde está este lugar?

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Categorías:Estambul, Oriente Medio, Turquía

Etiquetas:,

5 respuestas

  1. no te localizo por email. Puedo plantarme allí el fin de semana del 25.10 (puedo llegar a media semana). Confírmame si te viene bien.Un abrazo,Juan

  2. Realmente te veo en forma!.Sinceramente,no pensé que te fuera a sentar tan bien irte a estambul.Lo que escribes ultimamente está fresco!Recuerdalo, el día 7 de noviembre estaremos ahí.

  3. Los sonidos de Estambul(que no Constantinopla)http://www.golem.es/cruzandoelpuente/

  4. El anónimo era yo

  5. Me alegra que os hayáis leído todo esto, que visto así son un montón de palabras. La peli de cruzando el puente no la he visto aún, pero la tengo grabada (creo que de tu disco duro.) Escuchó, eso sí, la música, aunque por ahora Mónica y yo estamos enganchados a un grupo turco que se llama Baba Zula (que también está en la banda sonora de “cruzando el puente”.) Y nada, venid cuando queráis, pero ya empieza a haber overbooking en la casa. Me voy a quedar un rato aquí, tampoco hay que agolparse al mismo tiempo… Nos vemos!

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