libros de viajes

Jarjorín

Jarjorín (Xархорин en mongol) es una de las “ciudades” más conocidas de Mongolia, seguramente porque se encuentra muy cerca del lugar donde estuvo situada la mítica Karakórum, la capital del extensísimo imperio Mongol. De cualquier manera, como los mongoles eran nómadas,… Leer más ›

El país de los Mlch

“Según el informe dejado por David Brodie, misionero escocés que predicó su fe en regiones de África y del Brasil, los Mlch son un pueblo de unos setecientos individuos que viven en la misma región de los hombres-monos. Su lenguaje… Leer más ›

el viaje sin retorno

Viajamos para dar tregua al estrés, para recuperar las fuerzas, a nosotros mismos y cambiar por unos días de horarios o de paisaje. Viajamos por estas y muchas otras razones –no podría enumerarlas todas aquí–, pero lo hacemos principalmente para… Leer más ›

Italo Calvino en Madrid.

El que llega a Tecla poco ve de la ciudad, detrás de las cercas de tablas, los abrigos de arpillera, los andamios, las armazones metálicas, los puentes de madera colgados de cables o sostenidos por caballetes, las escalas de cuerda,… Leer más ›

La historia que pudo ser

Cristóbal Colón no consiguió descubrir América porque no tenía visa y ni siquiera pasaporte. A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil porque podía contagiar la viruela, el sarampión, la gripe y otras pestes desconocidas en el país. Hernán… Leer más ›

Hüzün

Pero volviendo a nuestro querido amigo Orján (Pamuk), hay en su libro Estambul ciudad y recuerdos algunas claves que nos permiten ver la ciudad desde otro punto de vista. Me refiero sobre todo al concepto de amargura (hüzün en turco) palabra que de leer una y otra vez en las últimas semanas me ha llegado a amargar también a mi. Y eso a pesar de que Estambul me provoca generalmente sentimientos muy distintos, sobre todo una extraña excitación que a veces acaba transformándose en ansiedad y dolores de cabeza.

Nuestro amigo Orján

Si hay algo inevitable entre los extranjeros que vivimos en Istanbul es conocer, aunque sólo sea su nombre, a Orhan Pamuk. Tan inevitable que no podemos dejar de aludirlo cuando hablamos –en inglés– con turcos. No importa si nos ha costado terminar sus novelas, éstas nos parecieron tan soporíferas como intranscendentes o si no lo hemos leído en absoluto y lo único que sabemos de su vida es que ganó un Nobel y ahora vive exiliado en Estados Unidos (ni siquiera esto último está tan claro: algunos dicen que aún está en Turquía.) El caso es hay que hablar de él, aunque sea para decir que es una mierda. Afortunadamente, al contrario de lo que pasaría si te refirieras a Atatürk, el padre de la patria, nadie se va a sentir ofendido por esto. Tranquilo que no te van a encerrar en una prisión a lo expeso de medianoche ni te van a hacer un juicio o cerrar el blog por insultar a la República. Así que adelante: critiquemos a nuestro amigo Orján. ¿Acaso no dudáis de los criterios que utiliza la academia sueca para entregar sus premios?

Nostalgia (Contra los mapas)

Siempre he sido un poco nostalgico, qué le voy a hacer. Cuando cumplí once echaba de menos los diez, cuando comencé la universidad el instituto… Imaginaos la nostalgia que llevo acumulando con el paso del tiempo. Tantos recuerdos a veces se me atrancan. Sobre todo ahora que estoy a punto de dejar Madrid.

Naufragios

Álvar Nuñez de Vaca realizó entre 1527 y 1537 un sorprendente viaje por lo que hoy es EEUU y el norte de México, desde la península de Florida hasta las costas mexicanas del Pacífico. Este viaje no tuvo, sin embargo, el peso que el de muchos de sus contemporáneos, guerreros que conquistaron ricos imperios o descubrieron lugares que el hombre occidental nunca había visto. El viaje de Nuñez de Vaca fue una sucesión de tristes naufragios y dolorosas penalidades que, a pesar de su patetismo, el explorador quiso compartir con nosotros.

Los Argonautas

Rutas olvidadas, aventuras del pasado, ¿cómo era el Mediterráneo cuando los dioses griegos vivían en él? Leemos para viajar, viajamos para salir de casa y conocer el lugar del que nacimos o, lo que es lo mismo, el mar que recorrió Jasón y la nave Argo, un Mediterráneo azul claro en el que zambullirnos junto a antiguos dioses y seres mitológicos (cómo se nota que empieza a hacer calor en Madrid…)