La isla está habitada por indígenas que se alimentan de flores de loto y consiguen de este modo olvidar las preocupaciones propias de los mortales. Estos indígenas suelen invitar al viajero a compartir su mesa. El incauto que pruebe estas flores ya no querrá regresar a su patria y sólo partirá si le obligan. Aquel que acepte la comida de los lotófagos verá perderse la costa en la distancia y oirá, lejanas y débiles, las voces de sus compañeros, como si proviniesen de una tumba. Aún despierto, sentirá que duerme. Más aún oirá una música desconocida y no sabrá que es su propio corazón latiendo en sus oídos.»
Tomado de la Breve guía de lugares imaginarios de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi (Alianza Editorial). Ellos a su vez lo tomaron del poema «The Lotus Eaters» de Lord Tennyson. Por supuesto, todo esto tiene su origen en Homero y su Odisea, seguramente el primer libro de viajes de la historia.
Las fotos son de Isabel Sanz tomadas en la isla de Poros durante un caluroso verano de pescadito, ouzo y aguas turquesas.
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