Otra jornada de odio en Jerusalén

otro posible muro en el que lamentarse

Además de ganas de llorar, mi visita a Israel y Palestina me está produciendo un odio repentino y nítido que, un par de veces al día como mínimo, altera mi habitual serenidad. Imagino que este sentimiento tan desagradable debe estar causado por el hecho de chocarme una y otra vez con todo tipo de restricciones. Así, además de las zonas catalogadas como A, B y C que dividen Cisjordania, uno debe cruzar cada cierto tiempo controles donde militares armados y muy jóvenes te piden el pasaporte o revisan tu mochila. Esta mañana, por ejemplo, he tenido que cruzar uno para venir a Jerusalén desde la cercana ciudad de Belén y, una vez aquí, pasar otro para acceder a lo que viene a ser el lugar más santo del planeta: la Explanada de las Mezquitas.

Imagino que conocéis el lugar al que me refiero, ¿no? Lo habréis visto innumerables veces en los libros de Historia y en el telediario de las tres de la tarde, aunque hay que decir que la explanada en cuestión resulta mucho más bella en vivo y en directo. En el punto más alto, sobre lo que una vez fue el Templo de Salomón, se levanta la magnífica Cúpula de la Roca, decorada de una manera tan refinada que uno podría admirarla durante horas sin llegar a cansarse. El lugar es hermoso y, con el sol de la mañana y sin haber desayunado, se corre el riesgo de sufrir un arrebato de misticismo que te haga olvidar que te encuentras en uno de los lugares más conflictivos del planeta. Eso es precisamente lo que me pasó a mí cuando vi la puerta entreabierta de la mezquita de Al-Aqsa. Que sentí que alguien debería de una vez trazar una línea que uniera las absurdas diferencias de las tres religiones monoteístas. Pensando en los grandes profetas de la antigüedad parece fácil, pero estoy seguro de que hoy en día hasta el mismísimo Jesús, gran profeta del Cristianismo y del Islam, habría tenido problemas para entrar en ella.

Were are you going? Are you muslim? me preguntó un tipo alto, con un desagradable aspecto de portero de discoteca, antes de que hiciera el ademán de descalzarme. Pues sí, le respondí con seguridad, I’m muslim, ¿qué pasa? Muslim… musitó calibrando mi islamidad con una mirada inquisitiva. Can you give me your passport? Y, bueno, la verdad es que ahí se acabó todo, ya que no podía decir que soy turco o albanés, mi excusa habitual para entrar en mezquitas restrictivas de todo el mundo.

Ya, ya lo sé. Esto os parece una gilipollez. Ciertamente lo es, sobre todo comparándolo con las limitaciones al movimiento que cada día tienen que sufrir miles de palestinos. Pero lo importante no es el gesto de desprecio, sino lo que esta repentina derrota provocó en mí. El odio inusitado al que me refería antes me inundó con tal fuerza que todo mi cuerpo se puso a temblar ante la mirada atónita de aquel hombre. Necesitaba un café, un abrazo, una muestra de piedad o de amor. Cualquier cosa menos aquella explanada inundada con la luz cuasi divina de Oriente Medio.

Y así, profundamente afectado por un sentimiento que no experimentaba con tanta intensidad desde que me echaron de mi trabajo de reponedor, hace ya unos cuantos años, me tuve que marchar al barrio judío para no ver a ningún musulmán a mi alrededor. Allí, en la zona más limpia y sombría del Jerusalén antiguo, busqué una cafetería con aspecto sionista y me relajé comiendo unas pastas maravillosas que no se encuentran en Palestina. Que se jodan, pensaba mientras se deshacían lentamente en mi boca, deliciosamente azucaradas, Que se jodan. Aunque no tenía muy claro a quién dedicaba este deseo de destrucción tan inusitado en mí. Llevaba apenas un par de días en aquel lugar del mundo y ya había logrado odiar a todas y cada una de sus diferentes comunidades religiosas. Los judíos con sus cánticos y sus paranoias sobre el antisemitismo y el Sabah; los cristianos con su fervor, besando y rezando cada lugar de la ciudad que Jesús (o cualquier miembro de su santísima familia) habría llegado a tocar. Y ahora también los musulmanes, con su radicalismo y su apego al grupo. ¿Alguien me puede explicar cómo puede ser que el lugar más santo del planeta sea tan profundamente anti-religioso? Yo, la verdad, no lo entiendo.
cupula roca

En realidad lo que debería haberle mentado a aquel hombre es a Mevlana, gran místico y poeta musulmán, y su celebre poema de

Ven, ven, quienquiera que seas;

Seas infiel, idólatra o pagano, ven

Este no es un lugar de desesperación

Incluso si has roto tus votos cientos de veces, ¡aún ven!

Desgraciadamente, las palabras apropiadas no le vienen siempre a uno a la cabeza. Y mucho menos en inglés…

¿Dónde está este lugar?

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Categorías:Israel, Oriente Medio, Palestina

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11 respuestas

  1. Interesante experiencia amigo, y si, es la realidad de todas las religiones, entre otras la intolerancia, la represión y el sectarismo, digan lo que digan sus enseñanzas y manuscritos

  2. Bunch of gregarious mammals…

    Qué felices nos hace sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos y saber que es lo correcto

    😉

  3. Sí, desgraciadamente es así. Es curioso que el lugar donde más conviven las religiones la gente esté de peor humor, haya siempre problemas y todo te acabe resultando tan irritante.

  4. Hola, que puedo decir, es una conducta retrograda, aunque, sın intentar justificar al tonto que te impidıo entrar (ya somos seguramente mas de dos) no me parece menos retrograda que ımpedır de malas o buenas maneras el rezo n la Gran Mezquıta de Cordoba – seguramente este desagradable incidente no te impedira seguir viendo quien es el malo de la peli – por supuesto el sıonista – saludos cordıales: xavıer

    • Hola Xavıer. Si he de escoger un malo en este conflicto sin duda coincido en que se trata de Israel, estado por el que no profeso ninguna atracción. Sin embargo también creo que Oriente Medio estaría mucho mejor si el conflicto arabo-israelí no se planteara entre malos y buenos, justos o injustos. Para bien o para mal, Israel ha legitimizado (aunque sea con la violencia) su presencia en esta zona del mundo. Asumir eso podría ayudar a despejar el camino para la paz.
      Por lo demás, y aunque tampoco estoy de acuerdo en que se expulse a la gente de un templo por orar al ‘Dios equivocado’, tampoco creo que sea exactamente lo mismo que impedir la entrada a un lugar de culto. Respeto las decisiones sobre la vestimenta y las normas que rigen en cualquier templo y que deciden las autoridades religiosas. Y sin embargo, creo que un templo es también un monumento, un edificio al que deberíamos tener acceso para poder valorarlo en una dimensión arquitectónica, histórica y artística. No crees? Un saludo!

      • Hola José, ciertamente concidimos en lo básico. Sin embargo, en lo referente a la legitimación del Estado de Israel, diferimos. No existe una nación judía ni existe un discurso coherente que pueda justificar que Palestina haya sido regalada a los sionistas más allá de los intereses compartidos con el sionismo por las ex-potencias coloniales, cuyo rol ha sido heredado por USA. Israel no tiene legitimación, pero ésto no significa que los actuales ciudadanos de ese ente no puedan habitar en Palestina en un futuro democrático, libre de racismo, cuando el actual e insostenible sistema de de apartheid colapse. Muchos saludos!

  5. Hace mucho que no entraba en tu blog Chevi, y debo deicrte que me ha encantado leer esta experiencia religiosa que tuviste en Israel-Palestina. Sobre todo me he reido mucho y creo que tus dibujos quedan mucho mejor que las fotos impersonales.Besote

  6. Rectifico, he estado indagando más en el blog y las fotos no son nada impersonales…me gustan mucho.., ¿dónde las encuentras? anda, comparte tus conocimientos blogueros

  7. Respecto a las fotos… La mayoría las encuentro en Flickr pero precisamente la de esta entrada es mía. Por desgracia, nunca fui un buen fotógrafo, y mucho menos cuando las tomo con el móvil… 😉
    Y respondiendo a Xavi, solo puedo decir que en parte estoy de acuerdo y en parte no. Desgraciadamente en el mundo en el que vivimos las armas son un medio de legitimización, lo que no significa necesariamente que yo este de acuerdo con la violencia y mucho menos con las ideas sionistas. Tampoco coincido con la idea de que formación del Estado de Israel responde a una maniobra neocolonialista. Estoy de acuerdo de la importancia de USA en este conflicto, así como de su interés por mantener (pase lo que pase) un aliado seguro en la zona. Sin embargo no se puede olvidar que los estados árabes tienen también su parte de responsabilidad y que también ellos han utilizado para sus intereses particulares a la población palestina. Por supuesto coincido con que el sistema de apartheid que el gobierno de Israel está imponiendo, además de dramático e inhumano, resulta insostenible a largo plazo. También creo que el Estado de Israel tiene un conflicto interno y resulta una estructura tan artificial y heterogénea que puede que tarde o temprano acabe consigo mismo. Ah, sería genial discutir de esto con un té… Un saludo!

  8. Me ha encantado 🙂

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