tipos de viajero (1): El viajero extraviado

Entre dos puntos cualesquiera, el viajero extraviado tomará inevitablemente el trayecto más largo. Entre una calle tortuosa y una amplia avenida, escogerá siempre la primera.

El viajero extraviado nunca deja el camino y se pierde incluso en las ciudades que conoce. Cuando no tiene nada mejor que hacer le da por buscar plazas de hormigón o polideportivos cubiertos de pintadas. A veces simplemente mira pasar las personas y las horas tratando de adivinar dónde se dirigen.

El viajero extraviado –al contrario que le sucede al viajero coleccionista, del que hablaremos más adelante–, no se pone nervioso cuando llueve o descubre que el monumento que tanto quería ver cierra el día en que fue a visitarlo. El viajero extraviado prefiere incluso no mirar los horarios de los trenes, y si lo hace es porque le angustia la idea de perderse para siempre en una ciudad interminable.

El viajero extraviado es capaz de emprender varios viajes a la vez e imaginar que pasea por una ciudad cuando se encuentra en otra diferente. A veces le da por leer frente al mar un libro en el que se habla de altas montañas o sonreír misteriosamente frente a un paisaje que podría encontrarse en cualquier lugar del mundo. Tal vez es precisamente en esos momentos cuando experimenta la sensación de lejanía que está en el origen de todos sus viajes. O tal vez es solo que comprende vagamente que su recorrido es, visto desde el cielo, un grueso trazo circular sobre las líneas del mapa.

 

Foto de Neddy y obra de Perejaume de la serie los horizontes y las cinturas.

Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons.

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Categorías:Uncategorized

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1 respuesta

  1. Gracias por tu poesía reflexiva o reflexión poética – ciertamente si viajas en dolmus no necesitas mirar horarios – y siempre habrá alguien a quien algo agradecer, con quien o de quien algo compartir, la mayor parte de las veces un cacho de asiento, miradas y unos minutos de travesía, navegantes con quienes se comparte solidariamente el trayecto. Algo que los organizados centroeuropeos han olvidado, acostumbrados a los asientos numerados, la primera y la segunda clase, ventana o pasillo. Lástima: confunden viajar con desplazarse. Saludos – Xavier

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