El origen de los turcos

 

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Un balbal (imágenes antropomórficas talladas en roca) del periodo göktürk en el Museo Nacional de Mongolia en Ulán Bator.

Los turcos no vinieron de Ankara. Tampoco de Kahramanmaraş. Resulta que los primeros turcos ni siquiera vivían en Turquía y su rastro nos lleva a través de las solitarias estepas de Asia Central hasta el lejano valle de Orjón, en la actual Mongolia. Fue allí donde en el siglo VI unos pueblos nómadas de lengua túrquica —los göktürks o turcos celestiales— formaron el primer imperio túrquico de la historia. Es verdad que no se trataba de un estado demasiado estructurado, sino que era más bien una unión de diferentes tribus, pero esto no les impidió extenderse rápidamente hacia los cuatro puntos cardinales. Fueron tan importantes que se dice que llegaron a establecer relaciones diplomáticas con el lejano Imperio bizantino y su rica capital: Constantinopla, la misma ciudad que siglos después caería en manos de otro pueblo túrquico, en este caso los turcos otomanos.

Como aquellos que seguís el blog sabéis, he pasado el último año leyendo todo lo que he podido sobre los pueblos túrquicos y viajando por Asia Central como si fuera un panturquista cualquiera. De esta manera, he tratado de dibujar la línea imaginaria que llevó a los turcos desde el valle del Orjón hasta la península de Anatolia, aunque en sentido contrario. Mi viaje comenzó en mayo del 2015 en Estambul, Turquía para después seguir por Azerbayán, Irán y el Turquestán (“la tierra de los turcos”). Tras varios meses de viaje y todo tipo de aventuras, a mediados de agosto había llegado a Jarjorín, en el mítico valle del Orjón, en lo más profundo del turquismo. A pesar de la emoción que sentía por estar allí, en seguida me di cuenta de que ni los habitantes ni los turistas que encontraba en mi camino estaban tan interesados como yo en la historia de los pueblos túrquicos. De esta manera, para visitar los pocos monumentos del valle (declarado “paisaje cultural” por la UNESCO, por cierto) tuve que ir nuevamente solo, algo que no era nada nuevo para mí

En la luminosa mañana de agosto en la que llegué al origen del turquismo, un taxista me vino a buscar después del desayuno al yurta-hotel en el que me hospedaba. Parecía simpático, pero no hablaba ningún idioma común conmigo, así que no tuvimos mucho que decirnos. Además, cosas de la conciliación laboral, trajo a su hijo, un chaval de unos catorce años con síndrome de Down. Dado que era mongol, sentí la imperiosa necesidad de llamarle mongolito. Espero que no me lo toméis en cuenta: pasar tanto tiempo solo afecta a cualquiera.

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Entrada a la carretera construida en honor al gran kan Bilge, uno de los más famososos dirigentes del Segundo Kanato Túrquico (682-744).

Podéis pensar que soy un friki de los turcos y que mi obsesión estaba llegando demasiado lejos. Y seguramente tenéis razón. Pero el inicio de mi tour al origen del turquismo me hizo ver que al menos no estaba solo. El lugar al que me dirigía es tan importante en la historia de los turcos que la carretera que teníamos que tomar había sido construido por la TIKA, la Agencia de Cooperación y Desarrollo de Turquía. Con cierta rimbombancia, la habían llamado Bilge Kağan karayolu (siendo karayol una palabra que en turco suele definir a las autopistas, lo que no era el caso). Como no podía ser de otra manera, habían plantado un cartel conmemorativo de esta magna obra en el que se nombraba a Recep Tayyip Erdoğan, ese prohombre. ¡Qué sería de Turquía sin él!*

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Inscripción en mongol y turco explicando que la carretera ha sido específicamente mandada hacer por el señor Erdogan, en aquella época todavía primer ministro de la República turca (y ahora su todopoderoso presidente).

Mientras seguíamos la carretera del kan Bilge y atravesábamos aquellos paisajes desolados a los que después de meses de viaje ya me había acostumbrado, me puse a pensar en qué era exactamente lo que me había traído hasta a ese lugar, tan lejos de mi Madrid natal. Como tantas veces, tuve que reconocer que no había sido más que un relato. Según una leyenda, la historia de los turcos empezó en un paraje no muy diferente a los que recorría en aquel momento, en los albores de la historia. Fue entonces cuando una tribu nómada saqueó y asesinó a a todos los miembros de otra en las frías estepas. Cuando se marcharon, abandonando las yurtas incendiadas tras de sí, no se percataron de que habían dejado vivo a un pequeño niño que, desvalido, había quedado llorando junto a su madre muerta. La noche caía, y el niño seguramente habría perecido por el hambre y el frío si no se hubiera presentado por allí la mítica loba Ashina con la intención de fundar un pueblo. Este animal, fundamental en la mitología de los primeros pueblos túrquicos, tomó cuidadosamente al niño entre sus dientes y lo llevó a su guarida en la que le cuidó y amamantó como si fuera su propio hijo.

Hasta este punto, y si obviamos los detalles, la historia es bastante bonita y muy similar al mito fundacional de Roma. Pero la cosa no quedó ahí, por supuesto. La trama toma un giro insospechado cuando el niño llega a la pubertad y empieza a tener las necesidades propias de un hombre (prototúrquico además). Como no tenía a nadie más a mano (Asia Central es uno de las regiones menos pobladas del mundo, no olvidemos), tuvo que recurrir a la misma loba Ashina para saciar su prurito sexual, realizando un oscuro acto que no solo es zoofilo sino que también tiene algo de incestuoso. Sea como sea, de esta salvaje pasión nacieron los primeros turcos (dicen que diez) que eran ya medio hombres y medio lobos. Este es el motivo por el que los (ultra)nacionalistas del MHP, prácticamente los únicos que hoy en día hacen referencia a este tipo de mitos, tienen a Ashina, la loba gris, como uno de sus más importantes símbolos.

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La loba Ashina sobre un atardecer místico y acompañada de las tres medias lunas que representan al partido nacionalista turco MHP.

Pensando en esta y otras cosas, se me pasaron volando los 45 kilómetros que nos separaban de mi objetivo, un pequeño museo también construido por el gobierno turco. Por lo que se ve es bastante poco visitado y, de hecho, el taxista, su hijo y yo éramos los únicos que andábamos aquella mañana por allí. En cualquier caso, a pesar de su modestia, el edificio guarda dos importantes estelas que el kan Bilge, uno de los más importantes líderes de los gökturks, había levantado a principios del siglo VIII en su honor y en el de su fallecido hermano Kul Tegin.

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Una de las dos estelas del museo. En este lado se ven las inscripciones en chino.

A la entrada del museo, unos paneles contaban como estos importantes monumentos habían sido descubiertos en la segunda mitad del siglo XIX por el arqueólogo ruso Nikolai Mikhailovich Yadrintsev. Las estelas son enormes bloques de piedra que debían de haber estado situadas sobre también petreas tortugas como las que había visto en Jarjorín. Se encontraban en el interior de unos grandes recintos seguramente decorados con unos tejados chinescos, aunque no podemos saberlo a ciencia cierta pues se han perdido para siempre. Escritas en turco antiguo y en chino, las inscripciones pudieron ser descifradas tras arduos esfuerzos por el lingüista danés Vilhelm Thomsen. En ellas se cuentan la historia de los gökturks y no son únicamente los primeros textos de las lenguas túrquicas, sino también la primera gesta de los turcos. En las dos estelas (1 y 2) se narra de esta manera la historia del Primer Kanato Túrquico fundado en 552 por el kan Bumin, que sucumbió después a la guerra civil y la dominación china y tuvo que esperar a finales del siglo VII para que el kan Ilterish lo reunificara. En el momento en el que el kan Bilge erigió este monumento, el imperio estaba en su máximo apogeo y había logrado pacificar a numerosos pueblos muy diferentes entre sí. Tal y como se describe en el texto, desde su mítica capital en Ötüken, Bilge dominaba los cuatro puntos cardinales. Mientras los turcos estuvieran unidos no deberían temer absolutamente a nada y a nadie, nos dice desde la piedra y la historia.

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Otra de las estelas con las inscripciones en turco antiguo. Es difícil de distinguir, pero en lo alto se encuentra una representación de la loba Ashina y de Ötürken, mítica capital del Kanato Görtürk.

En cualquier caso, por muy poderosos que sean los imperios siempre llegan a su fin. Esto también pasó también a los göktürks, que sucumbieron ante otro pueblo túrquico, los uigures, no mucho después de erigirse las estelas. Estos últimos, continuando el proceso de construcción de imperios tan típico de los pueblos turquicos, fundaron el Kanato Uigur, una nueva entidad política que duraría hasta mediados del siglo IX, cuando una enésima tribu túrquica, en este caso los kirguises del Yeniséi, la destruyó alejando durante siglos al valle de Orjón del centro de poder de las culturas nómadas.

Después de visitar el museo y recordar todas estas historias, el taxista su hijo y yo volvimos al coche y fuimos a las ruinas de la capital del estado uigur: Ordu Baliq. Mientras ellos me esperaban tomando el sol, yo subí a aquellos muros tan gastados por el tiempo que no eran muy diferentes a una colina. Cualquiera pensaría que estaba loco por haberme hecho tantos kilómetros para ver un sitio como aquel, pero para mí resultaba emocionante. Estaba en mitad del verano y casi al fin de mi viaje al origen del turquismo. Y además tenía mis lecturas y mi imaginación para recrear las partes de la historia que faltaban.

Después de que aquella ciudad en la que me encontraba fuera saqueada, resulta bastante difícil dibujar una línea temporal en la historia de los pueblos túrquicos. Lo único que me queda claro es que, aunque muchos se quedaron para siempre en Asia Central, hay una tendencia a dirigirse siempre hacia el oeste, tal vez para escapar de aquellas estepas áridas e ingratas de las que procedían. En aquel inmenso viaje llegaron a otras tierras y entraron en contacto con otros pueblos. En Oriente Medio fueron en primer lugar conocidos como esclavos o mercenarios (como los mamelucos), pero después, y gracias a sus destrezas militares, llegaron a ser coronados como emires, sultanes y califas. De esta manera, el encuentro con los pueblos sedentarios de Transoxiana y Oriente Medio fue fundamental para su transformación. No solo les hizo abandonar sus prácticas nómadas sino que les trajo una nueva religión, el Islam, que paulativamente fue sustituyendo al chamanismo.

De esta manera, en un arco espacio temporal inmenso, nacieron y murieron numerosos estados islámico-túrquicos, como el kanato Qarajánida o el imperio Mogol. También el Timúrida, en el que su fundador, el famoso emir Tamerlán, se casó con una princesa mongola para disimular sus origenes. Eso sí: no me atrevería a decir que ninguno de estos estados tuviera un verdadero caracter túrquico. En un marco tan amplio como el que nos ocupa, fue inevitable que las culturas se mezclaran. Al igual que las diferentes lenguas túrquicas se iban llenando de palabras árabes y persas (y al contrario), los rasgos orientales de los pueblos nómadas se fueron difuminando al mezclarse con los habitantes de otras regiones.

De esta manera, islamizados y cada vez menos nómadas y asiáticos, llegamos a otro de los momentos importantes de la mítica historia de los turcos. A principios del siglo XI la tribu oğuz conquistó Jorasán, entrando en un territorio completamente diferente a las estepas de Asia Central. El líder tribal Selyuq y sus descendientes siguieron hacia el oeste dominando Persia y parte de Anatolia durante uno de los momentos más florecientes para el arte y la cultura de Irán. En cualquier caso, una vez allí, los pueblos turcos ya no se irían más. Siglos tarde, uno de los numerosos líderes tribales que se encontraba en Anatolia, Osmán, fue el fundador de la que fue la más prestigiosa de todas las dinastías turquicas, la osmanlí (más conocida en español como otomana). En 1453 uno de sus descendientes, Mehmet II, conquistó Constantinopla haciendo que los pueblos de Asia Central irrumpieran en la historia de Europa. En los siguientes años los turcos siguieron al oeste una vez más, ocupando los Balcanes, sitiando Viena y luchando contra los ejércitos españoles e italianos en Lepanto, en la actual Grecia.

Todo eso ya pasó, pero lo cierto es que ahora, cuando nos comemos döner kebab (“el kebab que da vueltas”, en turco), aplaudimos los goles de Arda Turán o vemos en las noticias que Mustang Ha ganado el premio Goya a la mejor película europea, nos cuesta imaginar que los turcos (como los uigures, los kazajos, los kirguises o los uzbecos, entre otros) proceden de las lejanas estepas donde me encontraba en aquel instante. Aunque tal vez lo más difícil es concebir que estos paisajes tan míticos como místicos existan aún hoy en día. Que existan y que se puedan recorrer como hacía yo, en soledad y perdido en mis pensamientos, en una tarde cualquiera de verano.

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Dedicar tanto tiempo a recomponer la desconocida historia de los pueblos turquicos me hace sentir a la vez especial y raro. Aunque es posible que estas dos palabras sean en el fondo sinónimos, ¿no? (Panorámica de Ordu-Baliq, en el valle de Orjón)

 

 

 

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Categorías:Asia Central, Mongolia, Oriente Medio, Turquía

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8 respuestas

  1. Magnífico reportaje. He disfrutado mucho leyéndolo, aunque confieso que no me ha motivado hasta el punto de seguir tus pasos. La lectura de tus posts ha sido suficiente.

    P.D. Estoy dando por supuesto que, tras tu visita al valle de Orjón, el viaje ha terminado.

  2. Afortunado tu de conocer y apreciar semejantes parajes y paisajes. Soy de Perú y en mi país hay tambien paisajes míticos y místicos ,esas estepas de las fotos son muy similares a las punas de los andes donde pacen los guanacos y vicuñas, donde vuelan los cóndores y otras aves de presa, donde acechan , entre piedras y arbustos, los pumas y los extraños gatos andinos, tambien vive allí el maravilloso colibrí andino, el mas grande del mundo, yo vi uno cuando fui a cuzco, yo amo la vida salvaje y mi principal interés son los animales salvajes pero tambien se apreciar las ruinas, en las punas de Perú tambien hay restos arquitectónicos del tiempo de los incas, en zonas alejadas del circuito turístico oficial del cuzco( Sacsayhuaman,Ollantaytambo, Pisac,y otras) quedan ruinas que todavía no han sido acordonadas por las autoridades y reciben pocos turistas pues se encuentran alejadas y hay que recorrer dos o tres horas para llegar , tuve la suerte de estar en Piquillacta y se como es eso de estar en un lugar solitario, rodeado del silencio hermoso, esos paisajes silenciosos, luminosos, inmensos son adecuados para dejar fluir la imaginación. Hombre errante eres un hombre con suerte.

  3. Hola acabo de encontrar este magnífico reportaje buscando información sobre los turcos, así que felicidades, aunque hay algunas preguntas que nunca he logrado responder y quizás tu que veo que te has informado a fondo podrías saciar mi curiosidad.

    Teniendo en cuenta de que los turcos proceden de las estepas de Mongolia debemos deducir que esa zona fue un hervidero de problemas tanto para China y Asia Central como para Europa y oriente medio ya que desde ahí surgieron sucesivas oleadas de invasiones bárbaras hacia los cuatro puntos cardinales, desde los Xiongnu y su general Modo, pasando por los Hunos de Atila, los mongoles de Gengis Khan y como no, por los turcos (desconozco el primer caudillo que los reunió y animó a salir de las estepas

    Ahora bien, considerando esto, debemos deducir que los turcos al igual del resto de tribus mencionadas tendrían un claro aspecto mongoloide, si bien no tendrían el estereotipo del chino que conocemos hoy en día, seguramente deberían haber tenido ojos rasgados y pómulos altos, sin embargo el aspecto que nos ha legado la historia en forma de grabados y fuentes de época no los presenta así, más bien parecen haberse acercado al aspecto que presentan los pueblos musulmanes de oriente medio, con la piel tostada y rasgos más pronunciados (pongamos como ejemplo al jugador de fútbol Gundogan)quizás parecido al de los iranios o árabes, pero una incógnita más me crea curiosidad, y es que hoy en día, la gran mayoria parecen tener rasgos caucásicos cercanos a los europeos (pongamos como ejemplo ahora al otro jugador Arda Turam). ¿puede haber sido la causa de esta variación en el aspecto físico la mezcla interracial? Se que luego de llegar los turcos vinieron los mongoles que se repartieron por muchos países, pero incluso los descendientes de estos mongoles mantienen sus rasgos en países como Afganistán ¿Si es así como es que otros pueblos que han sido constantemente conquistados y mezclados con otras etnias no han sufrido tal drástico cambio?

    No se si mi planteamiento es correcto o no, pero quizás tu que veo que te has empapado del tema y afirmas ser un friki del tema me puedas arrojar luz al respecto. Yo también soy un friki de ciertas cosas y cuando algo me intriga me gusta esclarecer. Muchísimas gracias de antemano.

    • Hola Oliver,
      Ante todo gracias por comentar y por encontrar interesante el tema.
      No he estudidado los rasgos físicos de los pueblos turquicos, la verdad, pero aún así te puedo asegurar que estos pueblos llevan siglos mezclándose con otros a lo largo de Asia, Oriente Medio y Europa. Esto explicaría no solo la pérdida de los rasgos asiáticos en los turcos y los azeríes, por ejemplo (pero no en los kazajos, los kirguises o los uygures) sino también la de su religión original, el chamanismo. Prácticamente todos los pueblos túrquicos se convirtieron al islam al entrar en contacto con la civilización musulmana, como seguramente sabrás.
      Un saludo y espero haberte ayudado.

  4. Gracias, genial artículo, ahora puedo entender un poco más algunas cosas

  5. Gracias, genial artículo, ahora puedo entender un poco más algunas cosas

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